viernes, 11 de noviembre de 2011

Guerrero de la Felicidad...

¿Qué sucedió? , ¿Dónde quedaron los momentos felices? , ¿Por qué la gente no sonríe como solía hacerlo? … Qué extraño me siento, veo a las personas emitir palabras pero sus rostros no demuestran signos de vida, sus voces son frías y sus ojos indiferentes, parecen máquinas carentes de corazón, pero… ¿Qué les pasó? Ellos no eran así, pareciera que al crecer les hubieran lavado el cerebro, como si ya no recordaran nada de la niñez, cuando las cosas eran simples y las sonrisas abundaban en sus caras, cuando no importaba quién era ni de donde era siempre y cuando jugara contigo, cuando un enojo estaba a cinco minutos de una reconciliación y cuando un perdón surgía de forma espontánea para no perder a un amigo…
¿Será que en algún momento de nuestras vidas ese cambio se hace inminente? … Está bien, lo asumo, al crecer hemos de adquirir nuevas responsabilidades y  hemos de vivir nuevas experiencias que conllevan a una inminente mutación, pero… ¿Por qué ha de ser tan radical? , ¿Será que no se dan cuenta? ¿Será acaso que la vida misma nos transforma día a día en un simple cuerpo? Sea como sea… me aterra pensar que en algún momento me pasará a mí, siendo que una de las cosas más importantes de mi travesía es la sonrisa y la felicidad.
Pero, acabo de tomar una decisión, me he puesto un objetivo por el cual he de luchar como el guerrero que soy, tomaré mis armas más poderosas con el fin de llevar a cabo mi cometido… Combatiré contra aquello que me aterra, derretiré corazones que con tiempo se han congelado, regalaré sonrisas a aquellos que las han perdido e intentaré con todas mis fuerzas que la felicidad allane los corazones de hierro que se han sumergido en el tiempo…  espero también nunca transformarme en uno de ellos.
Vida hay una sola y es nuestro deber disfrutarla a “concho” y , como una grande dijo por ahí, hay que darle gracias a la vida que nos da tanto. Si has leído esto, te invito a combatir por la causa y a entregar felicidad al mundo en el que vives, recordar siempre sonreírle a la gente, ya que uno nunca sabe cuando necesitará la sonrisa del otro.

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